Por un abrazo centroeuropeo

Lista de los lugares que cruzan…

Mares, tormentas, estrechos, abismos, muros, concertinas, campos minados, maizales, viñas, autopistas, lupanares, vías muertas, estaciones de ski desiertas…

Primitivos, encienden fuegos. Pernoctan sin pudor al raso. Cargan hijos, sacos y afonías… y todo en busca de un abrazo centroeuropeo. Uno de mamá gorda y aliento a chucrut. Como todos los pobres, son feos, y su mirada es un crucigrama inverso.

Los hombres y mujeres y niños de Europa asisten al espectáculo en directo gracias al omnicanal perpetuo; por la tarde, cansados, hastiados, horas antes del ansiolítico, mientras degluten el yogurt con cereales que asegura una vida larga y feliz. Como todos los ricos, son guapos.

Lista de los lugares que cruzan… Supermercados, oficinas, clínicas dentales, metros, pasos cebra, escuelas, campos de fútbol, bingos, playas, sexshops, discotecas…

¿A dónde irán estos miles de desalmados en fila india, afgana o siria, que cruzan atontados las fronteras siguiendo un rito animal arcaico?

Emulan a los seres con cornamenta que movidos por el instinto, antes de que les alcance el invierno, se atreven a cruzar por las negras aguas del río Mara. Allí los aguarda el cocodrilo, la boca cilíndrica del pez gato gigante, y es territorio del hipopótamo, el mayor carnicero africano…

Miles de europeos observan atónitos, en fila bávara, postrados frente a sus inventos mediáticos, y sienten miedo. Esta señal de su cerebro reptiliano resulta embriagante, un hipnótico. El miedo es un capricho de los hombres acomodados en la cabaña de invierno.

 ¿Qué es lo que temen?

Temo darme cuenta de que estos miles que cruzan los mares, tormentas, abismos… no sean en realidad refugiados; que el único refugiado esté sentado frente a una pantalla de plasma; que se proteja al ver cómo los miles vienen a compartir este agujero en el que llevamos décadas instalados acrecentando así nuestro miedo y disparando el consumo de ansiolíticos. Un refugio construido para refugiarse de ellos: los pobres y miserables que también tienen derecho a acojonarse frente a un televisor.

Miles de refugiados esperan en Europa asistir en directo a la migración anual de esos mamíferos que se atreven a cruzar las aguas del río Mara. Será un día feliz, presagian los cocodrilos.

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