Nadie contratará a pesimistas

Tengo entre manos un reportaje sobre empleo. En parte versa sobre el futuro del trabajo, los cambios profundos que se avecinan. Hay cosas que si no asustan al menos me intrigan. No hablo del despertar de las máquinas y de la automatización de los puestos trabajos. El ludismo- aquel movimiento obrero contra la automatización surgido en los violentos lodos de cambio industrial- puede que retorne como hipóstasis del malestar proletario. También es posible que la robótica genere nuevas dinámicas de trabajo y que nos libere de las más pesadas. No deberíamos perder tiempo en esto. La Historia dirá, las razones serán trasferidas a la gran biblioteca binaria.

Una reflexión implícita en todo este proceso de cambio laboral llama mi atención. Tiene un transfondo de ingeniería social. Tiene que ver con la intimidad y el derecho al libre desarrollo de la conciencia. Un tema constitucional.

Parece que lo personal y laboral se funden, que los espacios sagrados que separaban antaño el hogar y la empresa, la sana separación entre el yo y la corporación, se desdibujan ahora con el brote epidémico de las nuevas tecnologías. Vivimos en la era de la transparencia, pero esta transparencia será engañosa. Adviene la época de los constructores de túneles.

De ello tienen culpa las redes sociales, el big data, y nuestra potencia pública impulsada por ellos, esta esfera sociotecnológica que apunta a un futuro mestizo en el que no podremos distinguir la figura externa de la interna, la máscara de la voz, la carcasa del corazón, y que nos obligará a crear sotános, lugares que nunca verán la luz si queremos sobrevivir.

Muchos de los contratadores dicen buscar o contrastar candidatos en los perfiles de instagram, facebook, twitter… Según como te muestres así serás comprado. La huella digital es imborrable. Pero no puedo dejar de pensar que hay algo perverso en esto. Esta fusión entre la empresa y el individuo, esta necesidad de contratación casi perfeccionista en la que los individuos deben ajustarse moral y selectivamente a la visión de humano que tiene una empresa. Un comunitarismo empresarial que sobrepasa los límites de la fábrica, la sociedad como gran fábrica, el capitalismo expandido hasta el último rincón de la existencia.

Escribo esto por una máxima que he leído en unos de los informes coach con los que estoy trabajando. Reza así: “Nadie contrata a pesimistas”. Su contenido parece casi eugenésico. Cioran fue pesimista. También Schopenhauer. Unamuno. Zapffe. Pasolini. Hobbes… La lista es interminable. ¿El futuro no los contratará? ¿Los ninguneará? Por qué llegamos a la conclusión de que un optimista hará mejor trabajo o servicio que un pesimista. Por qué un persona con pensamiento crítico, distinta, o incluso rara, haría peor trabajo que un ser humano dócil, fácil y conformista. Sin duda, me intriga.

Soy de los que cree que en la diferencia está el germen de toda evolución. Que el corral oculta la inminencia del lobo.

Sonrían y feliz semana, se lo dice un optimista nato.

PD: Antes he dicho que era un tema constitucional porque la carta magna dice protegernos de ser expulsados del paraíso laboral si se vulnera el artículo 20 del citado texto. Por mostrar opinión política o culto religioso o tendencia sexual uno no puede ser despedido. Pero qué ocurre si se exponen estos hábitos antes de ser contratado, si el empleador dispone de los medios para conocer la intimidad del futuro trabajador. ¿Puede este artículo legal protegernos a priori de no ser empleados por haber mostrado esas opiniones o fe? ¿Puede el derecho al libre desarrollo de la personalidad proteger a los futuros pesimistas?

PDII: Antes he utilizado la hipérbole de la eugenesia, es un extremo, lo sé, pero seleccionar e identificar a los trabajadores por los reflejos de sus conciencias o por elementos básicos de su personalidad- y no por cuestiones de eficiencia, creatividad, o valor añadido- nos conduce a una dinámica de selección antinatural. Si exajeramos esta dinámica tenemos como colofón que el pesimista pasará hambre, no tendrá descendencia ni transcendencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>